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Desde el comienzo del mundo, la luna tiene el poder
de elegir quienes se van a convertir en estrella. La princesa Naiá era la hija del cacique de una
de las tribus más importantes de América. Ella estaba
enamorada de la idea de ser elegida por la luna y convertirse en estrella.
Naiá hizo esto todas las noches, durante mucho tiempo. Pero la Luna parecía no darse cuenta de todos sus esfuerzos, por más que Naiá llorara, suspirara y reclamara, con tristeza, durante toda la noche. Pero una de las noches, andando un camino diferente, siguiendo a la luna, Naiá vió que ella había bajado a la tierra. Estaba abajo, esperándola en el IGARAPÉ (arroyo) adonde ella iba por agua todas las mañanas. La pobre Naiá, imaginando que la luna había, de una vez por todas, llegado para buscarla, se arrojó hipnotizada en el profundo igarapé sin dudarlo. Naiá nunca más fue vista. La luna, queriendo recompenzar el sacrificio de la bella
indiecita, resolvió transformarla en una estrella diferente.
Más accesible y más cercana que las estrellas del cielo. Una planta de flores con un perfume inconfundible y blancas como las estrellas, que solo se abre de noche, para saludar a la luna, el amor eterno de Naiá. El espíritu de esta leyenda está encerrado
en el perfume Natura Ekos Igarapé. |
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